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HOMILIA - FESTA DE SÃO JOSÉ | Arquidiocese de Guadalajara

DOM DANIEL BERGOGLIO
 CARD. BEZERRA 
Por mercê De Deus e da Santa Sé Apostólica
BISPO DIOCESANO DE COXIPÓ-MT

 HOMILIA - FESTA DE SÃO JOSÉ 
Arquidiocese de Guadalajara 

Guadalajara, 17 de março de 2026

Sea alabado el Nombre de Nuestro Señor Jesucristo!

Queridos hermanos y hermanas:
Celebramos hoy el octavo día de la Fiesta de San José, con un tema profundamente actual y necesario: San José, protector en las dificultades.

San José no fue librado de las pruebas. Al contrario, su vida estuvo marcada por incertidumbres, persecuciones y desafíos. Enfrentó la duda ante el embarazo de María, la pobreza de Belén, la huida a Egipto, el miedo ante las amenazas. Y, sin embargo, permaneció fiel al plan de Dios.

Él nos enseña algo esencial: Dios no nos abandona en las dificultades.
José no se queja, no se rebela, no huye. Él confía… y actúa. Su fuerza no está en el ruido, sino en la escucha silenciosa de Dios. Es en el silencio donde discierne, es en el silencio donde decide, es en el silencio donde permanece firme.

Y esto nos enseña que, en las dificultades, el silencio orante sostiene el alma.
En la primera lectura de hoy, del profeta Ezequiel (Ez 47,1-9.12), vemos una imagen bellísima: un agua que brota del templo. Al inicio es un hilo, pero poco a poco se convierte en un río caudaloso. Y por donde pasa esa agua, todo se transforma.
Donde había muerte, surge la vida. Donde había esterilidad, nace la fecundidad.
Esa agua es imagen de la gracia de Dios. Ella cura, restaura y hace renacer.

El río atraviesa el desierto y llega hasta el mar muerto. Lugares de muerte se convierten en lugares de vida. Esto nos muestra que Dios no depende de las circunstancias para actuar. Él no espera que todo esté perfecto. Entra justamente donde hay dolor, donde hay dificultad, donde hay sufrimiento… y allí hace brotar la vida.

En el Evangelio (Jn 5,1-16), encontramos a un hombre que durante años vive preso de su limitación. Está cerca del agua, pero no logra llegar hasta ella. Representa a la humanidad que, por sí sola, no puede alcanzar la salvación.

Cuántas veces también nosotros estamos así: cerca de la gracia, pero sin fuerza para alcanzarla…
Entonces Jesús se acerca y hace una pregunta directa:
“Quieres quedar sano?”

La curación comienza con el deseo sincero de cambiar. Dios respeta nuestra libertad. Él no obliga, Él invita. Es necesario querer salir de la propia condición.
Y entonces Jesús ordena:
“Levántate, toma tu camilla y camina.”
La Palabra de Cristo tiene poder. Él no solo consuela; Él levanta. Él no solo acoge; Él envía. La gracia no nos deja inmóviles — nos pone en movimiento.

Así también es San José en nuestra vida. Así como protegió a la Sagrada Familia, él protege a la Iglesia. Es amparo en los momentos de debilidad, intercesor en las dificultades. Su presencia es discreta, pero profundamente eficaz.

La verdadera fe no depende de circunstancias favorables. San José creyó incluso sin comprenderlo todo. Y es en las dificultades donde la fe es purificada. Muchas veces es en el dolor donde Dios se revela de manera más profunda.
Todos nosotros cargamos alguna parálisis espiritual: miedos, pecados, inseguridades, heridas… cosas que nos impiden caminar.
Pero hoy Cristo nos llama:
“Levántate.”

La vida nueva comienza cuando respondemos a la voz de Dios. Confiar cuando no entendemos. Permanecer cuando todo parece difícil. Obedecer incluso sin respuestas claras. Entregar la vida en manos de Dios.
Y eso es lo que San José nos enseña.

Permítanme terminar con una pequeña parábola.

Cierta vez, un hombre caminaba por un sendero llevando un vaso de barro agrietado. Necesitaba llevar agua hasta su casa, pero a lo largo del camino el agua siempre se derramaba por las grietas.
Cansado, pensó en abandonar el vaso. Creía que no servía para nada.
Pero al mirar el camino por donde pasaba cada día, notó algo distinto: del lado donde el vaso goteaba, habían comenzado a crecer flores. El sendero estaba lleno de vida.
Entonces comprendió:
aquello que parecía debilidad estaba siendo utilizado para generar belleza.

Así también sucede en nuestra vida. Nuestras dificultades, nuestras fragilidades, nuestros dolores… cuando son entregados a Dios, se convierten en lugar de gracia.
San José nos enseña a confiar incluso cuando no entendemos. A permanecer incluso cuando duele. A creer que Dios está actuando, incluso en el silencio.
Que en este octavo día de la fiesta podamos poner nuestras dificultades en las manos de Dios, confiando en la intercesión de San José.
Y que, sostenidos por la gracia, también podamos escuchar y responder:
“Levántate y camina.”

San José, protector en las dificultades, ruega por nosotros.

 Bispo Diocesano de Coxipó 


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