LIVRETO CELEBRATIVO
FESTA LITÚRGICA DE SANTA MARIA MADALENA
JMJ - GUADALAJARA, MÉXICO
RITOS INICIALES
Una vez reunido el pueblo, el obispo se dirige al altar con los ministros, durante el canto de entrada.
Llegado al altar y habiendo hecho la debida reverencia, besarlo en señal de veneración y, si procede, inciensarlo. Luego todos van a las sillas.
Ante la asamblea reunida, al terminar el canto de entrada, el obispo dice:
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.
Amén
El obispo saluda al pueblo diciendo:
La paz, la caridad y la fe, de parte de Dios Padre, y de Jesucristo, el Señor, estén con todos ustedes.
Y con tu espíritu.
ACTO PENITENCIAL
El obispo invita al arrepentimiento diciendo:
Para celebrar dignamente estos sagrados misterios, reconozcamos nuestros pecados.
Se hace una breve pausa en silencio. Después dice:
Señor, ten misericordia de nosotros.
Porque hemos pecado contra ti.
Luego, prosigue:
Muéstranos, Señor, tu misericordia.
Y dános tu salvación.
Sigue la absolución del celebrante:
Dios todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna.
Amén.
KYRIE
SEÑOR, TEN PIEDAD.
SEÑOR, TEN PIEDAD.
CRISTO, TEN PIEDAD.
CRISTO, TEN PIEDAD.
SEÑOR, TEN PIEDAD.
SEÑOR, TEN PIEDAD.
GLORIA
GLORIA A DIOS EN EL CIELO, Y EN LA TIERRA PAZ A LOS HOMBRES QUE AMA EL SEÑOR.
POR TU INMENSA GLORIA TE ALABAMOS, TE BENDECIMOS, TE ADORAMOS, TE GLORIFICAMOS, TE DAMOS GRACIAS.
SEÑOR DIOS, REY CELESTIAL, DIOS PADRE TODOPODEROSO. SEÑOR, HIJO ÚNICO, JESUCRISTO, SEÑOR DIOS, CORDERO DE DIOS, HIJO DEL PADRE.
TÚ QUE QUITAS EL PECADO DEL MUNDO, TEN PIEDAD DE NOSOTROS; TÚ QUE QUITAS EL PECADO DEL MUNDO, ATIENDE NUESTRA SÚPLICA; TÚ QUE ESTÁS SENTADO A LA DERECHA DEL PADRE, TEN PIEDAD DE NOSOTROS.
PORQUE SÓLO TÚ ERES SANTO, SÓLO TÚ SEÑOR, SÓLO TÚ ALTÍSIMO, JESUCRISTO, CON EL ESPÍRITU SANTO EN LA GLORIA DE DIOS PADRE.
AMÉN.
ORACION COLECTA
Acabado el himno, el obispo, con las manos juntas, dice:
Oremos.
Dios nuestro, tu Hijo encomendó en primer lugar a María Magdalena la misión de anunciar la alegría pascual; concédenos, por su ejemplo e intercesión, predicar a Cristo resucitado y verlo reinar en tu gloria. Que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos.
Amén.
LITURGIA DE LA PALABRA
PRIMERA LECTURA
- Leitura do Livro do Cântico dos Cânticos
Eis o que diz a noiva: “Em meu leito, durante a noite, busquei o amor de minha vida: procurei-o, e não o encontrei. Vou levantar-me e percorrer a cidade, procurando pelas ruas e praças, o amor de minha vida: procurei-o, e não o encontrei. Encontraram-me os guardas que faziam a ronda pela cidade. ʽVistes porventura o amor de minha vida?ʼ E logo que passei por eles, encontrei o amor de minha vida”.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
SALMO RESPONSORIAL
℟. ¡Mi alma tiene sed de ti, Señor!
ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO
ALELUYA, ALELUYA, ALELUYA.
ALELUYA, ALELUYA, ALELUYA.
Mientras tanto, cuando se utiliza incienso, el obispo lo coloca en el incensario. El diácono, que proclamará el Evangelio, inclinándose profundamente ante él, pide en voz baja la bendición:
Padre, dame tu bendición.
El Señor esté en tu corazón y en tus labios, para que anuncies dignamente su Evangelio; en el nombre del Padre, y del Hijo ✠ y del Espíritu Santo.
Amén.
EVANGELIO
El Señor esté con ustedes.
Y con tu espíritu.
✠ Lectura del santo Evangelio según san Juan.
Gloria a ti, Señor.
Luego el diácono o el sacerdote, si procede, inciensa el libro y proclama el Evangelio.
- El primer día de la semana, de madrugada, cuando todavía estaba oscuro, María Magdalena fue al sepulcro y vio que la piedra había sido sacada. Corrió al encuentro de Simón Pedro y del otro discípulo al que Jesús amaba, y les dijo: “Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto”.
Pedro y el otro discípulo salieron y fueron al sepulcro. María se había quedado afuera, llorando junto al sepulcro. Mientras lloraba, se asomó al sepulcro y vio a dos ángeles vestidos de blanco, sentados uno a la cabecera y otro a los pies del lugar donde había sido puesto el cuerpo de Jesús. Ellos le dijeron: “Mujer, ¿por qué lloras?” María respondió: “Porque se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto”. Al decir esto se dio vuelta y vio a Jesús, que estaba allí, pero no lo reconoció. Jesús le preguntó: “Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas?” Ella, pensando que era el cuidador del huerto, le respondió: “Señor, si tú lo has llevado, dime dónde lo has puesto y yo iré a buscarlo”.
Jesús le dijo: “¡María!” Ella lo reconoció y le dijo en hebreo: “¡Raboní!”, es decir “¡Maestro!”
Jesús le dijo: “No me retengas, porque todavía no he subido al Padre. Ve a decir a mis hermanos: “Subo a mi Padre y Padre de ustedes; a mi Dios y Dios de ustedes””.
María Magdalena fue a anunciar a los discípulos que había visto al Señor y que Él le había dicho esas palabras.
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Luego de besar el libro, lo lleva al obispo quien bendice al pueblo.
HOMILÍA
ORACIÓN DE LOS FIELES
Hermanos, elevemos nuestras súplicas a Dios Padre, que llama a todos los hombres a seguir a su Hijo Jesucristo y a construir una Iglesia joven, santa y misionera. Digamos con fe:
Escúchanos, Señor.
- Por la Santa Iglesia, para que, guiada por el Espíritu Santo, anuncie con valentía el Evangelio a todos los pueblos y encuentre en los jóvenes un testimonio vivo de esperanza y santidad. Oremos al Señor.
- Por nuestro Santo Padre Benedicto, por los obispos, presbíteros, diáconos y todos los ministros de la Iglesia, para que, fortalecidos por la gracia de Dios, conduzcan al Pueblo santo con sabiduría, fidelidad y caridad pastoral. Oremos al Señor.
- Por todos los que participaran en la Jornada Mundial de la Juventud, que se celebrará en Guadalajara, para que este encuentro fortalezca su fe, acreciente la comunión entre ellos y los impulse a ser auténticos discípulos misioneros de Jesucristo. Oremos al Señor.
- Por los jóvenes que buscan descubrir la voluntad de Dios, para que, escuchando la voz del Buen Pastor, respondan con generosidad a la vocación a la que han sido llamados en el sacerdocio, la vida consagrada, el matrimonio o la vida laical comprometida. Oremos al Señor.
- Por quienes sirven en la evangelización mediante los diversos ministerios, pastorales y movimientos de nuestra comunidad, para que el Señor fortalezca su entrega y haga fecundo su trabajo apostólico. Oremos al Señor.
- Por los jóvenes que viven alejados de la fe, por quienes atraviesan momentos de tristeza, soledad o desánimo, para que encuentren en Cristo el sentido de su vida y en la Iglesia una familia que los reciba con amor. Oremos al Señor.
- Por nuestra comunidad católica, para que esta Jornada Mundial de la Juventud marque un nuevo impulso evangelizador, fortalezca la unidad entre nuestras arquidiócesis, diócesis y parroquias, y haga florecer abundantes y santas vocaciones al servicio del Reino de Dios. Oremos al Señor.
Padre bueno, escucha las oraciones que con fe te presentamos y concédenos perseverar siempre en el seguimiento de tu Hijo, para que, fortalecidos por el Espíritu Santo, seamos constructores de tu Reino. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
LITURGIA EUCARÍSTICA
Terminado lo anterior, comienza el canto para el ofertorio. Mientras tanto, los ministros colocan sobre el altar el corporal, el purificador, el cáliz, la palia y el misal.
El obispo, de pie ante el altar, recibe la patena con el pan en las manos y, levantándola un poco por encima del altar, dice la oración:
Bendito seas, Señor, Dios del universo, por este pan, fruto de la tierra y del trabajo del hombre, que recibimos de tu generosidad y ahora te presentamos; él será para nosotros pan de vida.
Luego coloca la patena con el pan sobre el corporal. El diácono o sacerdote vierte vino y un poco de agua en el cáliz, orando en silencio.
Luego, el obispo recibe el cáliz en sus manos y, levantándolo un poco por encima del altar, dice la oración:
Bendito seas, Señor, Dios del universo, por este vino, fruto de la vid y del trabajo del hombre, que recibimos de tu generosidad y ahora te presentamos; él será para nosotros bebida de salvación.
Luego, coloca el cáliz sobre el corporal.
Luego el obispo, profundamente inclinado, reza en silencio. Y, si procede, inciensa las ofrendas, la cruz y el altar. Después, el diácono u otro ministro inciensa al celebrante y al pueblo.
Oren, hermanos, para que, trayendo al altar los gozos y las fatigas de cada día, nos dispongamos a ofrecer el sacrificio agradable a Dios, Padre todopoderoso.
El Señor reciba de tus manos este sacrificio, para alabanza y gloria de su nombre, para nuestro bien y el de toda su santa Iglesia.
ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS
Luego el obispo dice la oración sobre las ofrendas:
Recibe, Señor, los dones que te presentamos en la conmemoración de santa María Magdalena, como tu Hijo unigénito recibió bondadosamente el homenaje de su caridad. Él que vive y reina por los siglos de los siglos.
Amén.
PREFACIO
Entonces comienza la plegaria eucarística con el prefacio. Dice:
El Señor esté con ustedes.
Y con tu espíritu.
Levantemos el corazón.
Lo tenemos levantado hacia el Señor.
Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
Es justo y necesario.
Prosigue el prefacio.
- En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación, darte gracias, Padre omnipotente,
porque tu misericordia no es menor que tu poder, por Cristo Señor nuestro.
El cual, se apareció visiblemente en el huerto a María Magdalena, la misma que lo había amado cuando vivía, la que lo había visto morir en la cruz, la que lo había buscado cuando yacía en el sepulcro, y que fue la primera en adorarlo cuando resurgió desde los muertos; a ella también honró ante los apóstoles con el oficio del apostolado, para que el buen anuncio de la vida nueva llegara hasta los confines del mundo.
Por eso también nosotros, Señor, con todos los ángeles y los santos
te aclamamos, diciendo a viva voz:
En unión con el pueblo, concluye el prefacio, cantando el himno:
SANTO
SANTO, SANTO ES EL SEÑOR, DIOS DEL UNIVERSO. LLENOS ESTÁN EL CIELO Y LA TIERRA DE TU GLORIA.
HOSANNA EN EL CIELO.
BENDITO EL QUE VIENE EN NOMBRE DEL SEÑOR.
HOSANNA EN EL CIELO.
PLEGARIA EUCARÍSTICA
PARA DIVERSAS CIRCUNSTANCIAS I
El obispo dice:
Santo eres en verdad y digno de gloria, Dios que amas a los hombres, que siempre estás con ellos en el camino de la vida. Bendito es, en verdad, tu Hijo, que está presente en medio de nosotros cuando somos congregados por su amor, y como hizo en otro tiempo con sus discípulos, nos explica las Escrituras y parte para nosotros el pan.
Por eso te rogamos, Padre misericordioso, que envíes tu Espíritu Santo para que santifique estos dones de pan y vino, de manera que se conviertan en Cuerpo ✠ y Sangre de Jesucristo, nuestro Señor.
En las fórmulas que siguen, las palabras del Señor deben pronunciarse claramente y con precisión, como lo requiere la naturaleza de las mismas palabras.
Él mismo, la víspera de su Pasión, en la noche de la Última Cena,
Toma el pan y, manteniéndolo un poco elevado sobre el altar, continúa:
tomó pan, te bendijo, lo partió y se lo dio a sus discípulos diciendo:
TOMEN Y COMAN TODOS DE ÉL, PORQUE ESTO ES MI CUERPO, QUE SERÁ ENTREGADO POR USTEDES.
Muestra al pueblo la hostia consagrada, la coloca en la patena y hace una genuflexión en adoración.
Después prosigue:
Del mismo modo, acabada la cena, tomó el cáliz,
tomó el cáliz, te dio gracias y lo pasó a sus discípulos diciendo:
TOMEN Y BEBAN TODOS DE ÉL, PORQUE ESTE ES EL CALIZ DE MI SANGRE, SANGRE DE LA ALIANZA NUEVA Y ETERNA QUE SERÁ ENTREGADA POR USTEDES Y POR MUCHOS PARA EL PERDÓN DE LOS PECADOS.
HAGAN ESTO EN CONMEMORACIÓN MÍA.
Muestra el cáliz al pueblo, la coloca sobre su cuerpo y hace una genuflexión en adoración.
El obispo prosigue:
El obispo prosigue:
Éste es el Sacramento de nuestra fe.
Anunciamos tu muerte, proclamamos tu resurrección. ¡Ven, Señor Jesús!Después, el obispo, con las manos extendidas dice:
1C: Renueva, Señor, a tu Iglesia que está en Guadalajara con la luz del Evangelio. Consolida el vínculo de unidad entre los fieles y los pastores de tu pueblo, con nuestro Papa Benedicto, nuestro arzobispo Card. García , y todo el orden episcopal, para que tu pueblo brille, en este mundo dividido por las discordias, como signo profético de unidad y de paz.
Por eso, Padre Santo, al celebrar el memorial de Cristo, tu Hijo, nuestro Salvador, a quien por su pasión y muerte en cruz llevaste a la gloria de la Victoria sobre la muerte y lo sentaste a tu derecha, anunciamos la obra de tu amor, hasta que él venga, y te ofrecemos el pan de vida y el cáliz de bendición.
Mira con bondad la ofrenda de tu Iglesia, en la que se hace presente el sacrificio pascual de Cristo que se nos ha confiado, y concédenos, por la fuerza del Espíritu de tu amor, ser contados ahora y por siempre entre en número de los miembros de tu Hijo, cuyo Cuerpo y Sangre comulgamos.
1C: Renueva, Señor, a tu Iglesia que está en Guadalajara con la luz del Evangelio. Consolida el vínculo de unidad entre los fieles y los pastores de tu pueblo, con nuestro Papa Benedicto, nuestro arzobispo Card. García , y todo el orden episcopal, para que tu pueblo brille, en este mundo dividido por las discordias, como signo profético de unidad y de paz.
2C: Acuérdate de nuestros hermanos que se durmieron en la paz de Cristo y de todos los difuntos, cuya fe sólo tú conociste: admítelos a contemplar la luz de tu rostro y dales la plenitud de la vida en la resurrección.
3C: Y, terminada nuestra peregrinación por este mundo, concédenos, también, llegar a la morada eterna donde viviremos siempre contigo y allí, con santa María, la Virgen Madre de Dios, con los apóstoles y los mártires, y en comunión con todos los santos, te alabaremos y te glorificaremos
Toma la patena con el pan consagrado y entrega el cáliz a otro ministro y, sosteniéndolos elevados, dice:
Por Cristo, con él y en él, a ti, Dios Padre omnipotente, en la unidad del Espíritu Santo, todo honor y toda gloria por los siglos de los siglos.
Amén.
RITO DE COMUNIÓN
Una vez que ha dejado el cáliz y la patena, el obispo, con las manos juntas, dice:
Llenos de alegría por ser hijos de Dios, digamos confiadamente la oración que Cristo nos enseñó:
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal
El celebrante prosigue él solo:
Líbranos de todos los males, Señor, y concédenos la paz en nuestros días, para que, ayudados por tu misericordia, vivamos siempre libres de pecado y protegidos de toda perturbación, mientras esperamos la gloriosa venida de nuestro Salvador Jesucristo.
Tuyo es el reino, tuyo el poder y la gloria, por siempre, Señor.
Después el obispo dice en voz alta:
Señor Jesucristo, que dijiste a tus apóstoles: "La paz les dejo, mi paz les doy", no tengas en cuenta nuestros pecados, sino la fe de tu Iglesia y, conforme a tu palabra, concédele la paz y la unidad. Por Cristo, nuestro Señor.
Amén.
Después el obispo dice en voz alta:
Señor Jesucristo, que dijiste a tus apóstoles: "La paz les dejo, mi paz les doy", no tengas en cuenta nuestros pecados, sino la fe de tu Iglesia y, conforme a tu palabra, concédele la paz y la unidad. Por Cristo, nuestro Señor.
Amén.
Y añade:
La paz del Señor esté siempre con ustedes
Y con tu espíritu.
Luego, si se juzga oportuno, el diácono, o el sacerdote, añade:
- Como hijos de Dios, intercambien ahora un signo de comunión fraterna.
Luego, el sacerdote parte el pan consagrado sobre la patena y coloca un trozo en el cáliz, orando en silencio.
Se canta o se dice:
CORDERO DE DIOS
- CORDERO DE DIOS, QUE QUITAS EL PECADO DEL MUNDO, TEN PIEDAD DE NOSOTROS.
- CORDERO DE DIOS, QUE QUITAS EL PECADO DEL MUNDO, DANOS LA PAZ.
El celebrante hace genuflexión, toma el pan consagrado y, sosteniéndolo un poco elevado sobre la patena, lo muestra al pueblo, diciendo:
Éste es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Dichosos los invitados a la cena del Señor.
Señor, no soy digno de que entres en mi casa, pero una palabra tuya bastará para sanarme.
Después de comulgar, los ministros se acercan a los que quieren comulgar y les presenta el pan consagrado, diciendo a cada uno de ellos:
El Cuerpo de Cristo.
Amén.
Al terminar de repartir la comunión, el obispo puede ir a la sede. Si se juzga oportuno, se pueden guardar unos momentos de silencio o cantar un salmo o cántico de alabanza.
Y todos oran en silencio durante unos momentos, a no ser que este silencio ya se haya hecho antes.
ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN
Después el obispo, con las manos extendidas, dice la oración después de la comunión.
Oremos.
Te pedimos, Dios nuestro, que la recepción de tus misterios infunda en nosotros aquel amor perseverante por el cual santa María Magdalena se mantuvo constantemente unida a Cristo, su Maestro. Que vive y reina por los siglos de los siglos.
Amén.
RITO DE CONCLUSIÓN
BENDICIÓN SOLEMNE
(Del Tiempo Ordinario V)
En este momento se hacen, si es necesario y con brevedad, los oportunos anuncios o advertencias al pueblo.
Después tiene lugar la despedida. El sacerdote extiende las manos hacia el pueblo y dice
El Señor esté con ustedes.
Y con tu espíritu.
Que Dios todopoderoso aleje siempre de ustedes toda adversidad y les conceda la abundancia de sus bendiciones.
Amén.
Que los haga atentos y dóciles a su palabra para que lleguen a poseer los goces eternos.
Amén.
Que comprendiendo lo que es bueno, avancen siempre por el camino de los mandamientos y lleguen a ser coherederos de los santos.
Amén.
Y la bendición de Dios todopoderoso, del Padre ✠ , del Hijo ✠ y del Espíritu Santo ✠ , descienda sobre ustedes y permanezca para siempre.
Amén.
Luego el diácono, o algún ministro, despide al pueblo, diciendo:
¡Vayan por todo el mundo y prediquen el Evangelio! Pueden ir en paz.
Luego el diácono, o algún ministro, despide al pueblo, diciendo:
¡Vayan por todo el mundo y prediquen el Evangelio! Pueden ir en paz.
Demos gracias a Dios.
Después el sacerdote se retira a la sacristía.

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